Foreign Tongues de los Rolling Stones

En su segundo álbum de material nuevo en los últimos años, los Stones encuentran un ritmo más funk y musculoso que en Hackney Diamonds.

Cada vez que sale un disco nuevo de los Rolling Stones aparece alguien dispuesto a decir que es “el mejor desde Some Girls”. Foreign Tongues probablemente no merezca ese título, pero sí puede presumir de tener la mejor portada desde aquel clásico de 1978. Obra del pintor de Chicago Nathaniel Mary Quinn, la ilustración funde los rostros de Mick Jagger, Keith Richards y Ron Wood en una gloriosa monstruosidad que recupera el glam-trash colorido y excesivo de los Stones de fines de los setenta. Al mismo tiempo, convierte en una virtud todos los insultos edadistas que la banda ha recibido durante décadas. Si alguna vez escandalizaron a los tabloides con drogas y travestismo, hoy su mayor provocación consiste, simplemente, en seguir aquí, convertidos en octogenarios.

Y esa portada también anticipa lo que ocurre en la música. Así como la imagen funciona como un collage de distintas versiones de los Stones, el disco hace algo parecido con los arquetipos clásicos de la banda. Después de Hackney Diamonds (2023) —su primer álbum de canciones originales en casi veinte años y el primero tras la muerte de Charlie Watts en 2021—, Foreign Tongues marca una nueva colaboración con Andrew Watt, el productor de 35 años que se ha convertido en una especie de gurú para las viejas leyendas del rock.

Watt tiene un pie en el rock clásico y otro en el pop y el hip hop contemporáneos. Admira profundamente la historia de los Stones, pero también domina la ingeniería de precisión con la que hoy se fabrican los grandes éxitos. La banda ya no persigue el espíritu de la época con la insolencia de finales de los setenta u ochenta, pero bajo la dirección de Watt suena cada vez más adaptada a la lógica del pop moderno, donde cada verso, preestribillo y estribillo aparece exactamente cuando debe aparecer.

Ahí es donde Foreign Tongues encuentra también su principal tensión. La actitud despreocupada y espontánea que siempre definió a los Stones choca constantemente con una producción demasiado calculada. El blues desatado de “Rough and Twisted”, que parece una versión de “Parachute Woman” trasladada a Las Vegas, y el paso desafiante de “In the Stars”, construido sobre un riff que recuerda a “Soul Survivor”, terminan desembocando en estribillos tan impecables que resulta inevitable imaginar a un mayordomo vestido de etiqueta irrumpiendo en una pelea de bar para servir una copa de Dom Pérignon.

Algo parecido ocurre con la políticamente mordaz, aunque algo dispersa, “Covered in You”, donde el Jagger insolente que casi rapeaba en “Shattered” y “Dance (Pt. 1)” convive con el Mick más adulto y comercial de She’s the Boss. Luego está “Jealous Lover”, quizá la mayor oportunidad perdida del disco: el falsete de Jagger promete recuperar el espíritu juguetón de “Emotional Rescue”, pero la canción abandona demasiado pronto esa disco torcida y extravagante para convertirse en una solemne balada soul.

Foreign Tongues nació del material que quedó fuera de las sesiones de Hackney Diamonds, y ambos discos son tan parecidos que perfectamente podrían haberse editado juntos, al estilo de Use Your Illusion de Guns N’ Roses. Los paralelos abundan: cada uno tiene un rock incendiario sobre golpear a alguien en la cabeza (“Bite My Head Off” frente a “Hit Me in the Head”), un respiro country a mitad del recorrido (“Dreamy Skies” frente a “Ringing Hollow”), una balada introspectiva cantada por Keith (“Tell Me Straight” frente a “Some of Us”), un clímax góspel llevado al límite (“Sweet Sounds of Heaven” frente a “Back in Your Life”) y un cierre que vuelve al blues más primitivo mediante una versión grabada con una rusticidad casi deliberada (“Rolling Stone Blues”, de Muddy Waters, frente a “Beautiful Delilah”, de Chuck Berry).

También se repiten los invitados de lujo. Paul McCartney y Benmont Tench (de Tom Petty and The Heartbreakers) regresan, mientras Lady Gaga y Elton John parecen haber cedido el relevo a Bruno Mars y Robert Smith en un elegante intercambio de estrellas. Incluso Charlie Watts vuelve a aparecer de manera póstuma.

Sin embargo, Foreign Tongues supera claramente a su predecesor gracias a un pulso mucho más dinámico. Desaparece buena parte del tempo medio que dominaba Hackney Diamonds y el protagonismo pasa al bajista Darryl Jones y al baterista Steve Jordan, responsables de empujar canciones como “Never Wanna Lose You” hacia ese dance rock que los Stones exploraron durante los años ochenta.

Y aunque nadie duda de la extraordinaria resistencia vocal de Jagger, aquí parece divertirse mucho más. Aprovecha su condición de aristócrata del rock para burlarse precisamente de quienes ocupan posiciones de poder. En “Mr Charm”, cuyo ambiente recuerda por momentos a la sordidez de “Star Star”, interpreta a un oportunista que vive del dinero de su pareja mientras ridiculiza las fantasías espaciales del uno por ciento y lanza una pulla directa al “magnate loco Mr. Musk”.

A diferencia de tantos discos tardíos de los Stones que fueron proclamados apresuradamente como “el mejor desde Some Girls”, Foreign Tongues sí invita a esa comparación por razones estrictamente musicales. Como aquel álbum, pone el foco en las facetas punk y funk del grupo. “Divine Intervention” convierte un estruendo garage heredero de “Respectable” en uno de los finales más urgentes y emocionantes que la banda ha grabado en años, mientras la versión de “You Know I’m No Good”, de Amy Winehouse, parece brotar directamente del groove de “Miss You”. Es una rareza absoluta: los Stones casi nunca versionan canciones ajenas al canon clásico del blues, y menos aún una escrita originalmente por una mujer y reinterpretada aquí desde una perspectiva masculina.

Si Hackney Diamonds remitía a las raíces londinenses de la banda, Foreign Tongues mira decididamente hacia Estados Unidos. Desde los paisajes urbanos de Nueva York y Silver Lake que aparecen en “Divine Intervention” hasta las fantasías de parques de casas rodantes en Florida de “Never Wanna Lose You”, todo el disco parece recorrer un país que los Stones llevan más de medio siglo observando con fascinación. Pero esa relación, según sugieren estas canciones, atraviesa una crisis profunda.

“Ringing Hollow” se presenta como una clásica balada honky-tonk sobre un desamor, solo que esta vez la ruptura no es sentimental sino política. Mick y Keith, cantando juntos con voces gastadas y quebradas, parecen despedirse simbólicamente de Estados Unidos, decepcionados por su deriva autoritaria, sus promesas incumplidas y esos “canallas que intentan azuzar a la multitud”. Además de recrear con sorprendente autenticidad el momento en que los Stones convivían con Gram Parsons y ayudaban a moldear lo que hoy conocemos como alt-country, la canción recuerda por qué la dupla Jagger-Richards llegó a ser una de las asociaciones compositivas más lúcidas del rock. En sus mejores momentos, los Stones no solo devolvían la música estadounidense a los propios estadounidenses: les obligaban a mirarse en un espejo. La portada de Foreign Tongues celebra la fealdad de los Stones. El disco demuestra que todavía son capaces de enfrentarnos a la nuestra.

 

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