“THIS MUSIC MAY CONTAIN HOPE.” de RAYE: elegancia y desamor

El segundo álbum de la cantante británica es una melancolía preciosa y un desamor estetizado, que transita entre el jazz, el pop orquestal y el R&B con un dramatismo desbordante.

Felipe Ramos

Tocar fondo, para RAYE, tiene algo de majestuoso. En THIS MUSIC MAY CONTAIN HOPE., su segundo disco, convierte la desesperación en algo hermoso: un noir parisino adornado con un vestido carmesí, máscara de pestañas resistente al agua y unos zapatos Jimmy Choo que resuenan sobre adoquines mojados. La cantante británica narra su desamor con el encanto de Bridget Jones: siete Negronis encima, escuchando a Édith Piaf y disfrutando un trozo de torta de chocolate. Incluso los truenos llegan justo a tiempo, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Londres. Esta es una melancolía curada: un melodrama de 73 minutos donde la tristeza es filtrada a través de una estética del Hollywood clásico hasta que termina brillando. “Seré triste y hermosa”, promete en “Winter Woman.”, y durante todo el disco jamás rompe el personaje.

En una industria pop que premia los hooks inmediatos, los puentes pensados para TikTok y las duraciones breves, RAYE elige ser incómoda. Deja que 17 canciones se desplieguen a lo largo de cuatro actos inspirados en las estaciones del año, privilegiando desarrollos lentos, desvíos hablados y temas de hasta seis minutos que reservan sus giros para el final. Algunos oyentes probablemente adelanten pistas. Ellos se lo pierden.

A veces, lo más útil que puedes decirle a alguien en la oscuridad es que todos están ahí contigo. Esa es, más o menos, la tesis del álbum: el mundo es triste, pero todos vamos a morir algún día, así que al final todo estará bien. Para hacer más digerible esa medicina, RAYE viste su fatalismo con un maximalismo barroco. “Esta es una canción triste/Aunque se sienta feliz/No es feliz en absoluto”, canta en el tercer acto. Le quita al oyente la posibilidad de descubrirlo por sí mismo, aunque, para ser justos, no hay que confundir este viaje con algo alegre.

RAYE atraviesa géneros —jazz, pop orquestal y R&B— con la versatilidad de una actriz ganadora del Oscar. En un momento interpreta algo digno de un musical; al siguiente, es apenas un eco distante sobre un pulso al estilo de Fred again… Los arreglos incluyen samples de Aretha Franklin y Vivaldi. En un momento aparece Hans Zimmer. También Al Green. Aunque su formación clásica hace que los homenajes se sientan genuinos, su ingenio del siglo XXI les da nueva vida. Y cuando las emociones empiezan a sentirse cósmicas, las letras permanecen aterrizadas: llamadas de WhatsApp y cigarrillos comprados en estaciones de servicio. Todo suena como el espectáculo autoconsciente de una mujer de 28 años que sabe perfectamente que está romantizando su propio desastre. Siente el dolor, sí, pero también piensa: “Esto sería una gran película”.

Aun así, la estetización tiene límites. Como muchas producciones sobrevaloradas de Broadway o del West End, varias canciones ofrecen un espectáculo emocionante, aunque no necesariamente dan ganas de volver a escucharlas. “I Hate the Way I Look Today.” se entrega tanto al vaudeville swing-jazz que su autodesprecio termina pareciendo una parodia. “The WhatsApp Shakespeare.” comienza como un himno, pero se desploma bajo metáforas literarias, monólogos dramáticos y giros de big band que la convierten en una tragicomedia exagerada. Y a lo largo del disco, RAYE tiende a actuar incluso después de que cae el telón. Los frecuentes interludios en spoken word probablemente funcionarían mejor en vivo, pero en el álbum muchas veces sacan al oyente del momento. Parece incapaz de dejar algo fuera de la sala de edición, incluso cuando reducir un poco el brillo y el exceso podría generar una conexión más íntima con la música.

Sin embargo, los puntos altos suelen justificar la travesía. “WHERE IS MY HUSBAND!” es energía de big band, metales exuberantes y desesperación caricaturesca llevada al máximo, y nunca pierde intensidad. “I Know You’re Hurting.”, la pieza central de más de seis minutos, se gana cada segundo. Mientras RAYE suele usar el humor para desviar el dolor, aquí se queda sentada frente a él, sin remate ni ironía, sosteniendo pacientemente la vigilia. Suena como alguien que te ama y que puede ver más allá de tu fachada cuidadosamente construida, negándose a dejarte esconderte por más tiempo.

La última canción completa de THIS MUSIC MAY CONTAIN HOPE. (excluyendo la secuencia final “Fin.”) es “Happier Times Ahead.”, una promesa que RAYE formula sabiendo que no todos la creerán. Para ella, la esperanza es una decisión cotidiana tomada contra la creciente evidencia de oscuridad, y la grandilocuencia del álbum hace audible esa elección. Criticar toda la pompa sería perder de vista el punto central: la tristeza es un espectáculo, y no deberíamos ocultarnos ni de la profundidad de nuestras experiencias ni de la promesa eterna del optimismo.

 

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