Long Long Road de Ringo Starr: La vuelta de un viejo lindo

El ex Beatles entrega un disco honesto y sin artificios: Long Long Road reconecta con las raíces del country y el blues que siempre marcaron su sonido, en un trabajo sobrio, colaborativo y sorprendentemente vigente.

Felipe Ramos

A sus 85 años, Ringo Starr se ha volcado al country de una forma que se siente completamente natural. Su último álbum, Long Long Road, retoma justo donde quedó su anterior incursión en el género. Es su segundo proyecto junto al productor T-Bone Burnett (Roy Orbison, Counting Crowes, The Wallflowers), y, honestamente, este se siente auténtico.

La historia que Ringo cuenta sobre su recorrido musical es fascinante. Habla de querer mudarse a Texas cuando era niño porque le encantaba el blues que salía de allí. Ese es el mundo musical en el que se formó. Por eso, en cierto sentido, esto no es una reinvención: es más bien un regreso a casa.

Lo que sí es distinto ahora es la ejecución. Burnett rodeó a Ringo con algunos de los mejores músicos de sesión de Nashville: steel guitar, guitarras acústicas, líneas de bajo precisas. La banda, conocida como “The Texans”, aporta un oficio notable. Y además son músicos jóvenes, lo que importa: en vez de intentar recrear el country de los años 60, aquí hay energía real. Músicos contemporáneos interpretando formas tradicionales.

La composición está repartida. Burnett escribió gran parte del material original, pero Ringo también participa en varias canciones. Incluso rescataron una canción de Carl Perkins de 1959 que casi nadie recuerda. Y aquí viene lo interesante: las primeras grabaciones de Ringo con The Beatles fueron versiones de Perkins. Hay, entonces, un círculo completo décadas después.

“It’s Been Too Long” fue el primer adelanto e incluyó voces armónicas de artistas del bluegrass. La canción habla del tiempo que ha pasado desde que las personas realmente se escuchaban y soñaban juntas. Tiene un sonido profundo, con armonías más ligeras flotando por encima.

Luego vino “Choose Love”, una nueva versión de una canción que Ringo había grabado años atrás. Esta vez tiene una producción más marcada por el twang y un brillo psicodélico de fondo. Incluye un verso que alude a que el “largo y sinuoso camino” es más que una canción, un guiño sutil a The Long and Winding Road. Además, cuenta con la voz de St. Vincent, lo que podría parecer improbable, pero funciona perfectamente.

Hay algo especial en cómo se sitúa la voz de Ringo en estas canciones. No intenta lucirse ni demostrar nada. Canta de forma directa, como siempre lo ha hecho. En “It’s Been Too Long”, su voz tiene un peso particular, casi como si evocara recuerdos. Eso encaja perfectamente con el country. Siempre ha habido algo de ese espíritu en su estilo, incluso en los momentos más experimentales de los Beatles: ese swing, ese pulso constante y sin apuro.

Burnett hizo una observación interesante: si The Beatles debutaran hoy, probablemente serían catalogados como una banda americana. George Harrison tocaba una guitarra Chet Atkins Country Gentleman y utilizaba ese estilo de fingerpicking. En ese sentido, el regreso de Ringo al country no es tan extraño: es reconocer algo que siempre estuvo ahí.

Las canciones de Long Long Road hablan de viajes, conexiones y del amor encontrado en el camino. No de forma empalagosa, sino reflexiva, casi directa. Ringo tiene esa capacidad de cantar sobre lo personal y hacerlo universal: una vida que va de Liverpool a Londres, de Nueva York a Los Ángeles, con todas esas paradas intermedias.

El listado de invitados parece un equipo soñado: Billy Strings aporta credibilidad bluegrass; Sheryl Crow suma su experiencia; Molly Tuttle y Sarah Jarosz llevan la tradición armónica. Sin embargo, ninguno suena como invitado: están integrados en las canciones.

Long Long Road funciona porque no suena como un proyecto de despedida ni como nostalgia. Es el trabajo de un artista que sigue sus instintos y encuentra a las personas adecuadas para materializarlos. Burnett entiende que la musicalidad de Ringo siempre ha sido más profunda de lo que muchos creen: ese pulso, ese feeling, es fruto de toda una vida.

A sus 85 años, Ringo podría haberse quedado viviendo de su legado con The Beatles. En cambio, hizo un disco que suena vigente, honesto y vivo. Con raíces en la tradición estadounidense, pero sin quedarse atrapado en el pasado. Simplemente, buenas canciones, bien tocadas, por gente que se preocupa de hacerlo bien.

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